Querido/a amigo/a:
Hay algo que ocurre todos los años por estas fechas y que me parece curioso. El verano todavía no ha terminado, pero nosotros ya estamos empezando a despedirnos de él.
Miramos el calendario y pensamos en todo lo que viene: la vuelta al trabajo, el colegio, los horarios, las extraescolares, las comidas, la agenda.
Y casi sin darnos cuenta, empezamos a vivir la vuelta antes de que haya llegado.
A mí este año me gustaría hacer algo diferente porque no quiero volver corriendo. Quiero volver con intención.
Porque quizá el problema no sea la rutina.
Quizá el problema sea cómo nos relacionamos con ella.
Y esto me ha hecho pensar en algo que leí hace tiempo de Viktor Frankl.
Durante su estancia en los campos de concentración nazis, Frankl perdió prácticamente todo lo que tenía. Sin embargo, descubrió algo que acabaría convirtiéndose en una de las ideas centrales de su pensamiento:
que incluso cuando no podemos elegir lo que nos sucede, existe un pequeño espacio entre lo que ocurre y nuestra respuesta.
Un espacio en el que podemos elegir.
No podemos decidir que las vacaciones duren para siempre.
No podemos controlar todo lo que ocurrirá durante los próximos meses.
Pero sí podemos preguntarnos:
¿Cómo quiero responder a todo lo que venga?
Y parece una pregunta sencilla. Pero cambia mucho.
Porque normalmente empezamos pensando:
¿Qué tengo que hacer?
¿Cómo voy a llegar a todo?
¿Qué me espera?
Y quizá deberíamos empezar por otra pregunta:
¿Cómo quiero vivir mientras hago todo eso?
Aquí empieza nuestra libertad.
Porque nuestra mente también se adelanta
Hay algo que hacemos constantemente sin darnos cuenta: anticipamos.
Antes de que llegue la vuelta, ya estamos imaginando el cansancio, las prisas, la falta de tiempo, la agenda llena.
Y nuestro cuerpo puede reaccionar ante algo que todavía no está sucediendo.
Por eso, a veces no estamos cansados de lo que estamos viviendo.
Estamos cansados de todo lo que imaginamos que tendremos que vivir.
Cuando aparezca esa sensación, prueba a preguntarte:
¿Esto está ocurriendo ahora o lo estoy anticipando?
No siempre podremos evitar preocuparnos. Pero sí podemos aprender a distinguir entre un problema real y un problema que todavía vive únicamente en nuestra cabeza.
Y el presente es el único lugar desde el que podemos actuar. No necesitas empezar de cero.
Hay otra cosa que hacemos mucho cuando volvemos. Queremos cambiarlo todo:
Comer mejor.
Hacer deporte.
Organizarnos.
Leer.
Dormir más.
Trabajar mejor.
Pasar más tiempo con nuestros hijos.
Y además hacerlo todo desde el primer día.
Nuestro cerebro adora los comienzos. Un lunes, enero, la vuelta de vacaciones.
Nos hacen sentir que podemos convertirnos de repente en una versión completamente nueva de nosotros mismos.
Pero la transformación rara vez funciona así.
No necesitamos una vida nueva. Necesitamos pequeñas decisiones nuevas repetidas durante suficiente tiempo.
Por eso, en lugar de preguntarte: ¿Qué quiero conseguir?
Pregúntate:¿Qué quiero repetir?
Porque aquello que repetimos termina construyendo nuestra vida.
Lo pequeño, cuando se repite, deja de ser pequeño.
Y no tengas miedo de sentir
Puedes estar agradecido por haber disfrutado del verano y sentir tristeza porque termina.
Puedes tener ganas de volver y echar de menos levantarte sin despertador.
Puedes estar ilusionado por lo que viene y sentir cierta pereza.
Las emociones aparentemente contradictorias pueden convivir.
Y esto es importante.
Porque muchas veces pensamos que, si sentimos tristeza, ansiedad o miedo, algo va mal.
Y no necesariamente.
Una emoción no es una sentencia. Es información.
La tristeza puede decirte: “Esto era importante para mí”.
La ansiedad puede decirte: “Estoy intentando controlar algo que todavía no ha ocurrido”.
La rabia puede decirte: “Hay un límite que quizá estoy dejando pasar”.
El cansancio puede decirte: “Necesito parar”.
Escuchar una emoción no significa obedecerla.
Puedo sentir miedo y avanzar.
Puedo sentir tristeza y continuar.
Puedo estar enfadado y decidir cómo actuar.
La emoción aparece. La escucho. Y después decido.
Ese pequeño espacio entre sentir y actuar también es libertad.
Y hay algo que no quiero que olvidemos: la ilusión
Cuando pensamos en la vuelta, pensamos mucho en las obligaciones. Pero también necesitamos algo que esperar, algo que aprender, algo que construir.
Un proyecto.
Un viaje.
Un libro.
Una receta que queremos aprender.
Una idea que llevamos tiempo guardando.
No tiene que ser algo enorme.
Porque las metas no solo sirven para llegar a algún sitio.
También sirven para mantenernos en movimiento mientras llegamos.
Por eso, no hagas solamente una lista de obligaciones para los próximos meses.
Haz también una lista de ilusiones.
¿Qué te gustaría aprender?
¿Qué te gustaría experimentar?
¿Qué proyecto te gustaría empezar?
¿Qué sueño llevas demasiado tiempo aplazando?
Pon algo delante de ti que te haga ilusión.
Porque necesitamos obligaciones para sostener nuestra vida.
Pero también necesitamos ilusiones para darle dirección.
Y recuerda esto
Todo suma. Pero la actitud multiplica.
No significa fingir que todo está bien. No significa negar los problemas.
Significa decidir desde qué lugar vamos a enfrentarnos a lo que nos toque vivir.
La realidad puede ser la misma. Pero nuestra manera de mirarla puede cambiarlo todo.
Podemos volver pensando: “qué pereza, otra vez lo mismo”.
O:
“Vuelvo a mi vida y tengo la oportunidad de hacer algunas cosas de otra manera”.
No siempre necesitamos añadir. A veces necesitamos soltar: una obligación, una expectativa, una culpa, la necesidad de agradar, el perfeccionismo, la idea de que tenemos que poder con todo.
Porque una vida mejor no siempre es una vida con más cosas.
A veces es una vida con más espacio para las cosas importantes.
Por eso, antes de volver, te propongo cuatro preguntas:
¿Qué quiero sentir?
¿Qué quiero cuidar?
¿Qué quiero soltar?
¿Y qué quiero esperar con ilusión?
Guárdalas.
Y vuelve a ellas de vez en cuando.
Porque quizá las vacaciones no deberían servir únicamente para descansar de nuestra vida.
Quizá también deberían ayudarnos a recordar cómo queremos vivirla.
No sabemos cómo serán los próximos meses. Habrá días fáciles y días difíciles.
Habrá cansancio, imprevistos y momentos que no saldrán como esperábamos.
Pero también habrá desayunos compartidos, conversaciones bonitas, proyectos nuevos, comidas alrededor de una mesa, tardes de paseo y cientos de pequeños momentos que todavía no sabemos que vamos a recordar.
No podemos controlar todo lo que está por venir.
Pero podemos decidir desde dónde queremos recibirlo.
Así que no te deseo una vuelta perfecta. Te deseo una vuelta consciente.
Con menos “tengo que” y más “quiero”.
Con menos prisa y más presencia.
Con menos miedo a lo que viene y más curiosidad por descubrirlo.
Con menos necesidad de controlarlo todo y más capacidad para aceptar lo que no depende de nosotros.
Y con algo que te haga ilusión.
Porque quizá cuando llegue el próximo verano, lo verdaderamente bonito no sea solamente pensar:
“Qué bien que hayan llegado las vacaciones.”
Quizá sea poder mirar atrás y descubrir que también aprendiste a disfrutar de tu vida cuando no estabas de vacaciones.
Porque la vida no empieza cuando llega el descanso. La vida está ocurriendo ahora.
No esperes a tener otra vida para empezar a vivirla de otra manera. Todo suma: los días buenos, los días difíciles.
los errores, los aprendizajes, los sueños, los miedos,
Todo suma. Pero la actitud multiplica.
Y quizá no necesitemos saber exactamente qué traerán los próximos meses.
Quizá sea suficiente con saber algo mucho más importante:
cómo queremos recibirlos.
Un abrazo enorme,
Noelia