Hola amigo/a,
¿Alguna vez te has parado a pensar que nos pasamos la vida esperando?
Esperamos al viernes.
Esperamos las vacaciones.
Esperamos que los niños crezcan.
Esperamos tener más tiempo.
Más dinero.
Menos preocupaciones.
Esperamos el momento perfecto para empezar a disfrutar. Y, mientras esperamos, la vida sigue pasando.
Hace unos días me di cuenta de algo…
Llevábamos meses diciendo en casa: «Cuando lleguen las vacaciones…»
… descansaremos.
… leeremos más.
… estaremos tranquilos.
… tendremos tiempo para nosotros.
Como si el calendario tuviera el poder de cambiar nuestra forma de vivir. Pero la verdad es otra.
Puedes estar de vacaciones y seguir viviendo con la misma prisa de siempre. Llenando cada día de planes. Corriendo de un sitio a otro, queriendo aprovechar cada minuto hasta terminar agotado.
O puedes descubrir algo mucho más valioso:
Que la libertad no consiste en no tener obligaciones. Consiste en elegir cómo quieres vivir el tiempo que tienes.
Quizá este verano no recuerdes todos los lugares que visites, pero sí recordarás cómo te sentías.
Si dormías sin prisas.
Si las sobremesas se alargaban.
Si te reíste hasta que anocheció.
Si abrazaste un poco más.
Si escuchaste sin mirar el reloj.
Si volviste a aburrirte un rato.
Porque del aburrimiento también nacen las mejores conversaciones, las mejores ideas y los recuerdos más inesperados.
Si pudiera desearte algo para estas vacaciones, no sería un viaje espectacular. Te desearía algo mucho más difícil:
Que durante unos días dejaras de vivir esperando el siguiente momento. Que no pensaras en el lunes, ni en septiembre, ni siquiera en mañana. Solo en hoy.
Y que, cuando termine el verano, no sientas que vuelves a la realidad.
Porque la realidad siempre fue esta.
La única vida que tenemos no empieza después de las vacaciones. Está ocurriendo mientras las esperamos.
Y hay algo que me gustaría que no olvidaras:
No esperes a las próximas vacaciones para empezar a vivir la vida que ya tienes delante. Hay trenes que vuelven cada temporada, pero el verano de este año, con las personas que hoy tienes a tu lado, no volverá jamás.
Un abrazo enorme,
Noelia